Gênesis 1,1
Gênesis · Criação · Painel de estudo por versículo
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Gênesis 1,1
In principio creavit Deus cælum et terram.
No princípio, Deus criou o céu e a terra.
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Nácar–ColungaEspanhol · Biblia Comentada, vol. I
Nácar–Colunga
Biblia Comentada, vol. I · espanhol · PDF 35–36 (impresso 46–49)
LA CREACIÓN INICIAL (1,1-2)
1 Al principio creó Dios los cielos y la tierra.
El autor sagrado empieza solemnemente el relato con una afirmación general que es síntesis de todo lo que después va a describir más al detalle. En este sentido, la afirmación solemne de que al principio creó Elohim los cielos y la tierra es como el esquema general de la obra de la creación, pues para él los cielos y la tierra constituyen como el armazón del universo, en el que se van a colocar con distribución lógica las distintas manifestaciones del cosmos o mundo organizado. En la lengua hebrea no hay un vocablo que corresponda exactamente al kosmos de los griegos, y por eso la expresión cielos y tierra es una locución redundante para designar el mundo visible en su doble manifestación de orbe terráqueo y espacio sideral.
Algunos Santos Padres han querido ver en la palabra cielos una alusión a los ángeles, mientras que la tierra designaría el mundo visible; pero nada en el contexto insinúa que el hagiógrafo trate de la creación de los espíritus angélicos, sino únicamente del mundo visible en su doble aspecto de espacio terráqueo y espacio aéreo y sideral, como veremos después al enunciar la creación de cada parte del universo.³ La expresión al principio (en heb. beresith) indica simplemente una categoría lógica en la mente del hagiógrafo, que se sitúa mentalmente al comienzo de la obra creativa, cuando las cosas no tenían aún existencia.
El autor sagrado va a proceder, con orden lógico, de lo más imperfecto a lo más perfecto para hacer brillar la omnipotencia y sabiduría divina, que se manifiesta en todas las obras de la creación, y presenta a un Ser misterioso omnipotente, sabio y bueno, llamado Elohim, que existe antes, fuera y sobre todas las cosas —cuyo origen no se plantea por considerarle eternamente preexistente a todo lo creado—, lanzando los mundos a la existencia; y antes de especificar las obras de la creación en concreto, se complace en presentarle como un gran arquitecto, que primero hace el esquema o armazón general del universo: los cielos y la tierra. Naturalmente, en toda la estructuración de las obras en este relato de la creación debemos ver una distribución lógica artificialmente organizada en orden a destacar ciertas ideas teológicas, como la de que Dios hace todas las cosas «con orden, peso y medida».⁴ El hagiógrafo es un catequista que da una lección de teología popular a gentes de mentalidad primaria, y con mano maestra va desintegrando los distintos aspectos de la creación. Así, pues, presenta como el primer efecto de la obra creativa del Elohim-Arquitecto el esquema general y borroso del universo, los cielos y la tierra, que constituyen como el gran armazón en el que van a encontrar cabida las diversas manifestaciones de la obra creativa de Dios.
A Dios se le designa con el nombre genérico de Elohim, forma gramatical plural intensiva de una raíz primitiva (El) común a todas las lenguas semíticas.⁵ La crítica racionalista ha querido ver en esta forma plural de Elohim un vestigio de politeísmo. Es decir, el hagiógrafo recogería del ambiente un nombre aplicado a Dios, que por su forma plural indicaría la multiplicidad de seres divinos. Pero el contexto inmediato indica que el autor sagrado no toma el nombre en sentido de pluralidad de dioses, ya que lo construye en singular con el verbo bara' (creó). Elohim «es uno de estos plurales de abstracción del que el hebreo y otras lenguas semíticas proporcionan muchos ejemplos, y su empleo corriente con verbos y cualificaciones en singular debería bastar para que no se reconociese en ello un vestigio de politeísmo».⁶ «Es un plural de plenitud, fuerza y de poder»,⁷ o un plural de intensidad semítico, para recalcar enfáticamente la idea trascendental de divinidad con todo lo que ella incluye. En los documentos extrabíblicos encontramos ejemplos de este plural de intensidad aplicado a una persona singular, y precisamente en el vocablo equivalente a Elohim. Así, en las cartas de Tell Amarna se designa en su encabezamiento al faraón Amenofis IV Ejnaton con el título de ilâni (dioses, forma pl. de ilû en asirio).⁸ En los textos cuneiformes de Bogazkoi se designa una divinidad particular con el mismo término, y lo mismo hay que decir de las expresiones asirias plurales ilê-ia (dioses míos) y bêlê-ia (señores míos) aplicados a personajes individuales.⁹ En la Biblia, el vocablo Elohim se aplica al verdadero Dios (entonces suele llevar el determinativo del artículo), y a los dioses falsos, y aun a hombres que por su oficio hacen las veces de la divinidad.¹⁰ En el caso actual, Elohim es el Creador de todas las cosas, el Dios único, Señor del universo.¹¹ No hay, pues, la más mínima alusión a un supuesto politeísmo latente, aunque superado en la mente del autor sagrado.
Aparece como un Ser individual, preexistente a todo lo creado, que da existencia con su omnipotente palabra —expresión de su infinita sabiduría y omnímoda voluntad— a todas las cosas, como lo prueba el empleo en singular del verbo bara' (creó). Este verbo es empleado en la Biblia teniendo por sujeto a Dios, y significa la producción de algo nuevo. Estrictamente no equivale a nuestro vocablo crear, que implica la producción de una cosa de la nada. Cualquiera que sea el sentido etimológico del verbo bara',¹² queda claro que en la Biblia siempre va vinculado a la divinidad como sujeto. Por otra parte, el contexto general del c. 1 de Gén supone la idea de creación, ya que el hagiógrafo supone que antes no existía nada de cuanto Dios produjo, sino solamente el Ser misterioso y omnipotente llamado Elohim. No obstante, la formulación expresa de la idea de la creación no la encontramos hasta el siglo II a. C. La madre de los Macabeos anima de este modo a su hijo que va a morir: «Ruégote, hijo mío, que mires al cielo y a la tierra, y entiendas que de la nada (lit. de las cosas que no existen: ἐξ οὐκ ὄντων) lo hizo todo Dios».¹³
Esta idea de creación, en sentido estricto, que implica la distinción radical entre el Creador y lo creado, es tan alta, que no fue captada por los más grandes filósofos de la antigüedad, y, sin embargo, forma parte de las ideas religiosas elementales de los hebreos, como se refleja en las palabras de esta madre del pueblo.¹⁴
Tal es la solemne afirmación que sirve de solemne pórtico a toda la Biblia: Al principio creó Dios los cielos y la tierra. Es el sentido obvio reflejado en todas las versiones, sin excepción, de la antigüedad. Sin embargo, recientemente algunos autores racionalistas han querido ver en la unión de esta frase con la siguiente (la tierra estaba confusa y vacía) una alusión a la creencia de una materia caótica preexistente, al estilo de las teogonías orientales de la antigüedad.¹⁵ Así, en vez de leer en sentido absoluto la frase, leen: «Al principio (cuando) creó Dios los cielos y la tierra, la tierra estaba confusa y vacía». Supuesta esta lectura, ven en el texto bíblico un eco del Poema de la creación, llamado Enuma elis (por sus dos primeras palabras), de la literatura babilónica, que empieza así:
«Cuando arriba el cielo no tenía nombre,
cuando la misma tierra abajo no era nombrada,
(entonces) las aguas del abismo (Apsû: aguas dulces) primordial
y las de la tumultuosa Tiamat (aguas saladas) fueron juntadas».¹⁶
Pero nada en el contexto del pasaje hebreo sugiere la prótasis, apódosis y paréntesis que aquí aparecen, y como, por otra parte, todas las versiones, sin excepción, entendieron el pasaje en sentido absoluto, parece que el sentido obvio es el expuesto en el comentario anterior. Y nada más ajeno al contexto doctrinal del capítulo que suponer que el omnipotente Elohim dependa de una materia informe para producir sus maravillosas obras.
NOTAS
3. Cf. F. Ceuppens, De historia primaeva (Roma 1948), p. 7.
4. Sab 11,21.
5. Es la misma raíz del ilû asirobabilónico, el Allah de los árabes y el Elim de los primitivos fenicios de Ugarit. Su sentido primario etimológico es muy discutido. Lagrange y otros lo relacionan con la idea de fuerza; cf. M. J. Lagrange, Études sur les religions sémitiques (París 1905), p. 70-83.
6. R. de Vaux, Initiation biblique (París 1939), p. 671.
7. A. Clamer, o. c., p. 104.
8. Cf. P. Dhorme, Amarna (Lettres d'El-Amarna): DBS I (1928), 207-225.
9. Cf. F. Ceuppens, o. c., p. 6.
10. Así se llama elohim a los jueces: Ex 21,6; Sal 82,26; a las falsas divinidades (Gén 31,30; Ex 18,11); aun a las divinidades femeninas (1 Re 11,5).
11. Cf. Ex 34,19; Is 48,7; Jer 31,22; Sal 50,12.
12. Se le ha querido relacionar con la forma intensiva bere' (cortar, modelar la materia).
13. 2 Mac 7,29.
14. Cf. C. Tresmontant, Essai sur la pensée hébraïque (París 1953), p. 13.
15. Es la opinión, entre otros, de Budde, Loisy, Gunkel.
16. Cf. P. Dhorme, Textes religieux assyro-babyloniens 3.
A CREAÇÃO INICIAL (1,1-2)
1 No princípio criou Deus os céus e a terra.
O autor sagrado começa solenemente o relato com uma afirmação geral que é síntese de tudo o que depois descreverá mais detalhadamente. Nesse sentido, a afirmação solene de que, no princípio, Elohim criou os céus e a terra é como o esquema geral da obra da criação, pois, para ele, os céus e a terra constituem a armação do universo, na qual serão colocadas, com distribuição lógica, as diferentes manifestações do cosmos ou mundo organizado. Na língua hebraica não há um vocábulo que corresponda exatamente ao kosmos dos gregos; por isso, a expressão céus e terra é uma locução redundante para designar o mundo visível em sua dupla manifestação de orbe terrestre e espaço sideral.
Alguns Santos Padres quiseram ver na palavra céus uma alusão aos anjos, enquanto a terra designaria o mundo visível; mas nada no contexto insinua que o hagiógrafo trate da criação dos espíritos angélicos, e sim unicamente do mundo visível em seu duplo aspecto de espaço terrestre e espaço aéreo e sideral, como veremos depois, ao enunciar a criação de cada parte do universo.³ A expressão no princípio (em hebraico, beresith) indica simplesmente uma categoria lógica na mente do hagiógrafo, que se situa mentalmente no começo da obra criadora, quando as coisas ainda não existiam.
O autor sagrado procederá, em ordem lógica, do mais imperfeito ao mais perfeito, para fazer brilhar a onipotência e a sabedoria divinas, manifestas em todas as obras da criação. Apresenta um Ser misterioso, onipotente, sábio e bom, chamado Elohim, que existe antes, fora e acima de todas as coisas — cuja origem não se discute, por ser considerado eternamente preexistente a tudo o que foi criado — e lança os mundos à existência. Antes de especificar concretamente as obras da criação, compraz-se em apresentá-lo como um grande arquiteto que primeiro faz o esquema ou armação geral do universo: os céus e a terra. Naturalmente, em toda a estruturação das obras deste relato da criação devemos ver uma distribuição lógica, artificialmente organizada para destacar certas ideias teológicas, como a de que Deus faz todas as coisas «com ordem, peso e medida».⁴ O hagiógrafo é um catequista que ministra uma lição de teologia popular a pessoas de mentalidade primária e, com mão mestra, vai decompondo os diferentes aspectos da criação. Assim, apresenta como primeiro efeito da obra criadora do Elohim-Arquiteto o esquema geral e ainda indistinto do universo, os céus e a terra, que constituem a grande armação na qual terão lugar as diversas manifestações da obra criadora de Deus.
Deus é designado pelo nome genérico Elohim, forma gramatical plural intensiva de uma raiz primitiva (El), comum a todas as línguas semíticas.⁵ A crítica racionalista quis ver nessa forma plural de Elohim um vestígio de politeísmo. Isto é, o hagiógrafo teria recolhido do ambiente um nome aplicado a Deus que, por sua forma plural, indicaria a multiplicidade de seres divinos. Mas o contexto imediato mostra que o autor sagrado não toma o nome no sentido de pluralidade de deuses, pois o constrói no singular com o verbo bara' (criou). Elohim «é um desses plurais de abstração de que o hebraico e outras línguas semíticas oferecem muitos exemplos, e seu emprego corrente com verbos e qualificações no singular deveria bastar para que nele não se reconhecesse um vestígio de politeísmo».⁶ «É um plural de plenitude, força e poder»,⁷ ou um plural semítico de intensidade, destinado a realçar enfaticamente a ideia transcendente de divindade com tudo o que ela inclui. Nos documentos extrabíblicos encontramos exemplos desse plural de intensidade aplicado a uma pessoa singular, precisamente no vocábulo equivalente a Elohim. Assim, nas cartas de Tell Amarna, o faraó Amenófis IV Ejnaton é designado no cabeçalho pelo título ilâni (deuses, plural de ilû em assírio).⁸ Nos textos cuneiformes de Bogazkoi, uma divindade particular é designada pelo mesmo termo; o mesmo se deve dizer das expressões assírias plurais ilê-ia (meus deuses) e bêlê-ia (meus senhores), aplicadas a personagens individuais.⁹ Na Bíblia, o vocábulo Elohim aplica-se ao verdadeiro Deus (e então costuma trazer o determinativo do artigo), aos falsos deuses e até a homens que, por seu ofício, fazem as vezes da divindade.¹⁰ No caso presente, Elohim é o Criador de todas as coisas, o Deus único, Senhor do universo.¹¹ Não há, portanto, a menor alusão a um suposto politeísmo latente, ainda que superado na mente do autor sagrado.
Ele aparece como um Ser individual, preexistente a tudo o que foi criado, que, por sua palavra onipotente — expressão de sua infinita sabedoria e vontade soberana —, dá existência a todas as coisas, como prova o emprego no singular do verbo bara' (criou). Esse verbo é empregado na Bíblia tendo Deus por sujeito e significa a produção de algo novo. Estritamente, não equivale ao nosso vocábulo criar, que implica produzir uma coisa do nada. Qualquer que seja o sentido etimológico do verbo bara',¹² é claro que, na Bíblia, ele sempre está ligado à divindade como sujeito. Por outro lado, o contexto geral de Gn 1 pressupõe a ideia de criação, pois o hagiógrafo supõe que antes nada existia de tudo quanto Deus produziu, mas somente o Ser misterioso e onipotente chamado Elohim. Contudo, a formulação expressa da ideia de criação só aparece no século II a.C. A mãe dos Macabeus assim anima o filho que vai morrer: «Rogo-te, meu filho, que contemples o céu e a terra e compreendas que Deus fez tudo do nada (literalmente, das coisas que não existem: ἐξ οὐκ ὄντων)».¹³
Esta ideia de criação, em sentido estrito, que implica a distinção radical entre o Criador e o criado, é tão alta, que não foi captada pelos maiores filósofos da antiguidade, e, no entanto, faz parte das ideias religiosas elementares dos hebreus, como se reflete nas palavras desta mãe do povo. 14
Tal é a afirmação solene que serve de solene pórtico a toda a Bíblia: No princípio criou Deus os céus e a terra. É o sentido óbvio refletido em todas as versões, sem exceção, da antiguidade. No entanto, recentemente alguns autores racionais quiseram ver na união desta frase com a seguinte (a terra estava confusa e vazia) uma alusão à crença de uma matéria caótica pré-existente, ao estilo das teogonias orientais da antiguidade. 15 Assim, em vez de ler em sentido absoluto a frase, leem: «No princípio (quando) criou Deus os céus e a terra, a terra estava confusa e vazia». Suposta esta leitura, veem no texto bíblico um eco do Poema da criação, chamado Enuma elis (por suas duas primeiras palavras), da literatura babilônica, que começa assim:
"Quando o céu não tinha nome,
Quando a mesma terra abaixo não era nomeada,
(então) as águas do abismo (Apsû: águas doces) primordial
e as da tumultuosa Tiamat (águas salgadas) foram juntas». 16
Mas nada no contexto da passagem hebraica sugere a prótase, a apódose e o parêntese que aqui aparecem; e, como, por outro lado, todas as versões, sem exceção, entenderam a passagem em sentido absoluto, parece que o sentido óbvio é o exposto no comentário anterior. Nada é mais alheio ao contexto doutrinal do capítulo do que supor que o onipotente Elohim dependa de uma matéria informe para produzir suas obras maravilhosas.
NOTAS
3. Cf. F. Ceuppens, De história primaeva (Roma 1948), p. 7.
4. Sab 11,21.
5. É a mesma raiz do ilû asirobabilônico, o Allah dos árabes e o Elim dos primitivos fenícios de Ugarit. Seu sentido primário etimológico é muito discutido. Lagrange e outros relacionam-no com a ideia de força; cf. M. J. Lagrange, Études sur les religions sémitiques (París 1905), p. 70-83.
6. R. de Vaux, Initiation biblique (París 1939), p. 671.
7. A. Clamer, o. c., p. 104.
8. Cf. P. Dhorme, Amarna (Lettres d'El-Amarna): DBS I (1928), 207-225.
9. Cf. F. Ceuppens, o. c., p. 6.
10. Assim se chama elohim aos juízes: Ex 21,6; Sal 82,26; às falsas divindades (Gén 31,30; Ex 18,11); ainda às divindades femininas (1 Re 11,5).
11. Cf. Ex 34,19; Is 48,7; Jer 31,22; Sal 50,12.
12. Pretendeu-se relacioná-lo com a forma intensiva bere' (cortar, modelar a matéria).
13. 2 Mac 7,29.
14. Cf. C. Tresmontant, Essai sur la pensée hébraïque (Paris 1953), p. 13.
15. É a opinião, entre outros, de Budde, Loisy, Gunkel.
16. Cf. P. Dhorme, Textes religieux assyro-babyloniens 3.
Cornélio a LápideLatim · Commentaria in Scripturam Sacram, vol. I
Cornélio a Lápide
Commentaria in Scripturam Sacram, vol. I · latim · PDF 197–205 (impresso 40–46)
Versus 1: In principio creavit Deus caelum et terram
In Principio: Novem Interpretationes
Prima expositio: «In principio temporis»
1. IN PRINCIPIO. — Primo, S. Augustinus, lib. I De Genesi ad litter., cap. 1; Ambrosius et Basilius, hom. 1 Hexam.: «In principio,» inquiunt, id est in primordio seu initio, non aeternitatis, non aevi, sed temporis et mundi, quando nimirum simul cum mundo coepit mundi duratio, puta tempus. Licet enim initio mundi non esset tale tempus quale jam est; jam enim tempus nostrum est mensura motus primi mobilis, solis et coelorum; tunc autem necdum erat primum mobile, sol et coeli, et consequenter necdum erat eorum motus, qui tempore mensurari posset: erat tamen tunc duratio rei corporeae, puta coeli et terrae, quae similis et commensa erat tempori nostro, ac proinde re ipsa erat tempus: res enim corporea mensuratur tempore, sive ipsa moveatur, sive quiescat: tempus enim est mensura corporum, sicut aevum est angelorum, et aeternitas Dei; Aristotelice tamen loquendo, tempus saltem natura posterius est motu, et corpore mobili.
Quale tempus ante mundum?
Unde S. Augustinus in Sententiis, numer. 280: «Facta creatura, inquit, motibus coeperunt currere tempora. Unde ante creaturam frustra tempora requiruntur, quasi possint inveniri ante ipsa tempora. Motus enim si nullus esset, vel spiritalis, vel corporalis creaturae, quo per praesens praeteritis futura succederent, tempus nullum omnino esset. Moveri autem creatum non utique posset, si non esset. Potius ergo tempus a creatura, quam creatura coepit ex tempore; utrumque autem ex Deo. Ex ipso enim, et per ipsum, et in ipso sunt omnia.»
Quando creatum coelum et terra?
Nota, Deum creasse coelum et terram non in tempore, sed in principio temporis, id est, in primo temporis momento, puta in primo mundi instanti. S. Basilius et Beda putant coelum et terram non primo die, sed paulo ante primum diem, utpote ante lucem, creata esse. Verum haec non ante, sed ipso primo die, puta initio primae diei, antequam lux produceretur, creata esse, patet Ex. xx, 1.
Secunda expositio: «In Filio»
Secundo et melius ad litteram, iidem Augustinus, Ambrosius et Basilius ibidem, et Concilium Lateranense, cap. Firmiter, de summa Trinitate et fide Catholica: «In principio,» inquiunt, id est in Filio; per Filium enim quasi ideam et sapientiam Patris omnia esse creata, docet Apostolus, Coloss. 1, 16. Verum haec expositio mystica est et symbolica.
Tertia expositio: «Ante omnia»
Tertio et simplicissime: «in principio,» id est ante omnia, ita ut nihil Deus crearit prius, vel ante coelum et terram. Sic Joannis cap. 1, vers. 1, dicitur: «In principio erat Verbum,» quasi diceret: Ante omnia, puta ab aeterno erat Verbum. Hunc sensum adfert quoque S. Augustinus supra.
Uterque hic sensus genuinus est et litteralis, et ex secundo contra Platonem, Aristotelem et alios patet mundum non esse aeternum. Ex tertio patet angelos non ante mundum corporeum, sed simul cum eo a Deo creatos esse, uti docet Concilium Lateranense inferius citandum.
Tribus hisce alias explicationes addunt veteres.
Quarta expositio: «In principatu»
Quarto ergo, «in principio,» id est in principatu, seu in potentia regia (hanc enim significat quoque Graecum ἀρχή, unde ἄρχοντες vocantur principes et magistratus), Deus fecit coelum et terram, inquit Tertullianus, lib. Contra Hermogenem. Sic et Procopius: «Deus, inquit, qui est Rex regum, et planissime sui juris existens, nec aliunde pendens, cunctaque pro suo arbitrio administrans, excitavit hoc universum simul cum speciebus et formis; imo et materiam ipse deprompsit, nec aliunde eam mutuatus est.»
Quinta expositio: «Summatim»
Quinto, Aquila pro in principio, vertit, in capite, id est summatim, simul omnia comprehensim, seu acervatim. Deus enim creans coelum et terram, in iis simul quasi reliqua omnia creavit summatim; ex iis enim caetera postmodum efformavit. Hebraeum enim rescit, id est principium, deducitur a ראש ros, id est caput.
Sexta expositio: «In momento»
Sexto, S. Ambrosius et S. Basilius, homil. 1 Hexam.: «In principio,» inquiunt, id est in momento, citra omnem, etiam minimam temporis morulam, nam impartibile est principium. Sicut enim principium viae non est via, sic principium temporis non est tempus, sed instans.
Septima expositio: «Ut res principales»
Septimo, «in principio,» id est ut res principales, praestantiores et primordiales. Ita S. Ambrosius, Procopius et Beda.
Octava expositio: «Ut fundamenta»
Octavo, «in principio,» id est prima, tanquam fundamenta et bases universi, inquit S. Basilius et Procopius. Sic dicitur: «Principium sapientiae timor Domini;» est enim timor fundamentum sapientiae, et primus ad eam gradus.
Nona expositio: Aeternitas et omnipotentia Dei
Denique Junilius hic: τό, inquit, in principio notat Dei aeternitatem et omnipotentiam. «Quem enim in principio temporum mundum creasse perhibet, ipsum profecto ante tempora aeternaliter extitisse designatur: et quem ipso conditionis initio coelum et terram creasse narrat, tanta celeritate operationis omnipotentem esse declarat.»
Creavit
Creavit. Unde?
CREAVIT — proprie scilicet ex nihilo, ex nulla materia praeexistente. Ita sancta illa mater Machabaeorum, lib. II, cap. vii, ad filium: «Peto, ait, nate, ut aspicias ad coelum et terram, et ad omnia quae in eis sunt, et intelligas, quia ex nihilo fecit illa Deus.» Secundo, «creavit,» scilicet solus, ut ait Isaias, cap. xliv, vers. 24, per se suamque omnipotentiam, non per angelos, utpote qui necdum erant, et etiamsi fuissent, creationis tamen non possunt esse administri. Tertio, «creavit» secundum ideam et exemplar, quod ab aeterno mente sua conceperat. Tunc enim Deus erat
Mundum mente gerens pulchrum pulcherrimus ipse, ut canit Boetius, lib. III De Consolat., metro 9.
Cur?
Quarto, creavit coelum, non quod illo indigeret, sed quia bonus est, et quia voluit hac ratione Deus bonitatem suam mundo et hominibus communicare: decebat enim ut a bono Deo bona opera fierent, ait Plato, et ex Platone S. Augustinus, lib. XI De Civit., cap. xxi. Quare pulchre idem Augustinus, I Conf.: «Fecisti, inquit, nos, Domine, ad te, et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te;» et: «Coelum et terra clamant, Domine, ut amemus te.»
Nota: Creare apud Ciceronem et Gentiles est generare; apud Graecos vero idem sunt creatio et conditio. Verum in S. Scriptura creare cum dicitur de iis quae ante nullo modo exstiterunt, significat ex nihilo aliquid facere. Ita S. Cyrillus, lib. V Thesauri, cap. iv; S. Athanasius, in epist. quae Synodi Nicaenae decreta contra Arianos inscribitur; S. Justinus, in Admonitorio; Rupertus, lib. I Gen., cap. iii; Beda et Lyranus hic. Nam, ut docet D. Thomas, 1 part., Quaest. lxi, art. 5, emanatio universalis rerum omnium non nisi ex nihilo fieri potuit.
Hieronymus ab Oleastro Hebraeum ברא bara vertit, divisit. Unde sic ipse transfert, «in principio divisit Deus coelum et terram.» Putat enim ipse Deum primo omnium creasse aquas cum terra, easque maximas et vastissimas, atque ex eis deinde produxisse coelos, ac denique eas a terra et aquis divisisse, atque hic tantum exprimi. Verum hoc figmentum ab omnibus Patribus et Doctoribus rejicitur, qui bara vertunt, creavit. Hoc enim proprie significat: nusquam enim significat divisit, uti sciunt hebraice docti.
Triplologia de triplici creaturarum contemplatione
Tropologice, tripliciter contemplandae sunt creaturae. Primo, considerando quid sint ex se, nimirum nihil, quia ex nihilo factae sunt, et ex se in dies mutantur, et ad nihilum tendunt. Secundo, considerando quid sint ex dono creatoris, scilicet bonae, pulchrae, stabiles et aeternae, itaque opificis sui imitentur stabilitatem. Tertio, quod Deus iis utatur ad hominum punitionem et praemiationem. Sic audimus omnem creaturam haec tria nobis inclamantem: Accipe, redde, fuge; accipe beneficium, redde debitum, fuge supplicium. Prima vox est famulantis, secunda admonentis, tertia comminantis.
Philosophorum errores refutantur
Hinc patet primo, error Stratonis Lampsaceni, qui mundum ingenitum fuisse, et suapte vi ab aeterno exstitisse finxit. Secundo, error Platonis et Stoicorum, dicentium mundum a Deo quidem fuisse conditum, sed ex materia aeterna et ingenita; quia haec materia esset increata, Deoque coaeterna, ac consequenter esset ipse Deus, ut recte objicit Hermogeni Tertullianus. Tertio, error Peripateticorum, asserentium Deum non voluntate, nec libere, sed ex naturae necessitate ab aeterno creasse mundum. Quarto, error Epicuri, docentis mundum fortuita atomorum coitione et conjunctione esse productum.
Praeclare S. Augustinus, lib. XI De Civitate, cap. III: «Mundus ipse, inquit, ordinatissima sua mutabilitate et mobilitate, et visibilium omnium pulcherrima specie quodammodo tacitus, et factum se esse, et non nisi a Deo ineffabiliter atque invisibiliter magno, et ineffabiliter atque invisibiliter pulchro fieri se potuisse proclamat.» Hinc omnes philosophorum scholae quae divinius aliquid sapuerunt, nihil esse quod tam arguat et factum esse a Deo mundum, et ejus cura administrari, consensu unico affirmant, quam aspectum ipsum mundi totius, considerationemque decoris ejus atque ordinis. Ita Plato, Stoici, Cicero, Plutarchus et Aristoteles, cujus hac de re argumentum refertur a Cicerone, lib. II De Natura Deorum.
Quomodo creavit?
Nota: Deus creavit coelum et terram jubendo et dicendo: Fiat coelum et terra, ut expresse habetur IV Esdrae, vi, 38, et Psalm. xxxii, vers. 6: «Verbo, inquit, Domini coeli firmati sunt;» unde infert S. Basilius: quia potestate, arte, libertate Deus fecit hunc mundum, eadem potest alios plures creare: rursum eadem potest mundum annihilare. Mundus enim respectu Dei est quasi stilla situlae, et quasi gutta roris, ut dicitur Isaiae XL, 15, Sapient. XI, 23: hinc et Deus dicitur tribus digitis appendere molem terrae.
Objectio
Dices: Cur ergo Moses non dicit hic Deum dixisse: Fiat coelum, sicut ait eum dixisse: Fiat lux? Respondeo, Mosen uti potius verbo «creavit» quam «dixit,» ne populus Judaeorum rudis ex verbo «fiat,» conciperet materiam praeviam, cui Deus dixerit, vel ex qua coelum et terram produxerit. Ita Rupertus, qui tres causas assignat. Primum, inquit, cum ipsum principium sit Dei verbum, superfluum et ineptum esset dicere: «In principio dixit Deus.» Secundo, quia nondum erat aliquid cui praeceptum fieret. Tertio, dicit «creavit,» non «fiat,» ut materiae omnis creator Deus evinceretur.
Deus (Elohim): Tredecim Definitiones
Haereticorum errores
Deus. — Errant ergo Simon Magus, Arius et alii, dicentes, quod Deus crearit Filium; Filius vero crearit Spiritum Sanctum; Spiritus Sanctus crearit angelos; angeli mundum. Errant secundo Pythagoras, Manichaei et Priscillianistae, dicentes duo esse principia rerum, sive duos esse deos: unum bonum, conditorem spirituum; secundum malum, conditorem corporum.
Vocis Elohim explicatio
Pro Deus hebraice est אלהים elohim, quod deducitur ab אל el, id est fortis, et אלה ala, id est adjuravit, obligavit, astrinxit; eo quod Deus suam potentiam, virtutem et bona omnia det et conservet creaturis; et per hoc eas sibi quasi juramento obstringat ad sui cultum, obedientiam, timorem, fidem; spem, invocationem, gratitudinem.
Elohim itaque dicitur Deus, qua creator, gubernator, judex, inspector et vindex universorum; hocque nomine Elohim utitur hic Moses, primo, ad hoc, ut sciant homines eumdem esse conditorem mundi et judicem, qui, sicut mundum creavit, ita et judicabit, quasi Elohim, id est judex. Secundo, ut sciant Dei voluntate, judicio, sapientia mundum esse conditum a Deo. Tertio, ut sciant cuncta ab eo in justa lance esse disposita, tributumque esse cuique rei id, quod illi quasi debebatur, videlicet quod natura illius, bonumque universi postulabat. Quarto, ut sciant quod, uti a Deo creatus est mundus, ita ab eodem conservetur et regatur, ut docet Job xxxiv, 18 et seq., et Sapient. xi, 23 et seq.
Quocirca Aben Ezra et Rabbini dicunt Deum hic vocari Elohim ad declarandum ejus majestatem, tresque ejus dotes, scilicet intelligentiam, sapientiam, prudentiam, quibus ipse condidit mundum. Alii ad idearum et perfectionum multitudinem quae in Deo sunt, Mosen respexisse putant. Nota: Deus Mosi revelavit suum nomen Jehova. Ante Mosen ergo Deus vocabatur Elohim. Unde et serpens ita Deum vocavit dicens: «Cur praecepit vobis Deus?» hebraice Elohim. Unde liquet, ab initio mundi Adamum et Evam Deum vocasse Elohim. Ita Beda.
Quid est Deus? Tredecim definitiones
Quid ergo est Elohim? quid est Deus?
Primo. Aristoteles, vel quisquis est auctor libri De Mundo ad Alexandrum: «Quod, inquit, in navi est gubernator, in curru auriga, in choro praecentor, in civitate lex, in exercitu imperator, hoc idem in mundo est Deus, nisi quod in illis principatus est laboriosus, perturbatus et anxius; in Deo vero est facilis, ordinatus et tranquillus.»
Secundo. S. Leo, serm. 2 De Passione: «Deus, inquit, est, cujus natura est bonitas, cujus voluntas potentia, cujus opus misericordia.»
Tertio. Aristoteles, vel quisquis est auctor libri De Sapientia secundum Aegyptios, lib. XII, cap. xix: «Deus, inquit, est a quo sunt perpetuitas, locus et tempus, cujusque beneficio permanent; et sicut centrum circuli in seipso est, lineae autem ab eo ductae ad ambitum, ipseque ambitus cum punctis in eodem centro existunt: sic quoque naturae omnes, tam quae ad intellectum, quam quae ad sensum pertinent, in agente primo (in Deo) consistunt et confirmantur.»
Quarto. Deus est ipsa providentia rerum omnium; nam, ut ait S. Augustinus, lib. III De Trinitate, cap. iv: «Nihil fit visibiliter et sensibiliter, quod non de interiori invisibili atque intelligibili aula summi imperatoris, aut jubeatur, aut permittatur, secundum ineffabilem justitiam praemiorum atque poenarum, gratiarum et retributionum, in ista totius creaturae amplissima quadam immensaque republica.»
Quinto. Idem S. Augustinus: Si videris, inquit, bonum angelum, bonum hominem, bonum coelum; tolle angelum, hominem, coelum; et quod reliquum est, bonorum essentia est, id est Deus.
Sexto. Rex quidam Gentilis dixit Deum esse tenebras post omne lumen, eumque mentis ignorantia cognosci.
Septimo. Elohim est, qui attingit a fine usque ad finem fortiter, et disponit omnia suaviter, ut ait Sapiens.
Octavo. Elohim est, in quo vivimus, movemur et sumus, Actor. XVII, 28.
Nono. «Deus, ait S. Augustinus in Medit., est quem nec mens attingit, quia incomprehensibilis; nec intellectus, quia investigabilis; nec sensus percipit, quia invisibilis; nec lingua enuntiat, quia ineffabilis; nec scriptura explicat, quia inexplicabilis.»
Decimo. «Deus, ait S. Nazianzenus, tract. De Fide, est quod, cum dicitur, non potest dici; cum aestimatur, non potest aestimari; cum definitur, ipsa definitione crescit; quia coelum manu sua cooperit, pugno omnem mundi ambitum concludit: quem omnia nesciunt, et metuendo sciunt: cujus nomini et virtuti famulatur hic orbis, et ipsa elementorum sibi succedentium momentanea vicissitudo testimonium perhibet.»
Undecimo. «Deus est qui tribus digitis appendit molem terrae, qui mensus est pugillo aquas, et coelos palmo ponderavit. Ecce gentes (coram eo) quasi stilla situlae, et quasi momentum staterae reputatae sunt, insulae quasi pulvis exiguus. Et Libanus non sufficiet ad succendendum, et animalia ejus non sufficient ad holocaustum. Qui sedet super gyrum terrae, et habitatores ejus sunt quasi locustae,» Isaiae cap. XL, vers. 12, 15, 22.
Duodecimo. Deus est de quo ait Sapiens cap. XI, vers. 23: «Tanquam momentum staterae, sic est ante te orbis terrarum, et tanquam gutta roris antelucani quae descendit in terram.»
Decimo tertio. «Materia subtilior est aer, aere anima, anima mens, mente ipse Deus,» ait Mercurius Trismegistus.
Elohim plurale explicatur
Nota: Elohim est numeri pluralis, in singulari enim dicitur Eloah. Hujus rei causa est: Primo, quod Hebraei res magnas et magnates honoris causa compellant numero plurali: uti faciunt et Latini, dicentes v.g. Nos Philippus rex Hispaniae. Sic Job XL, 10, elephas vocatur Behemoth, id est bestiae, quia propter magnitudinem corporis et virium, est instar multarum bestiarum, ut docent Hebraei.
Secundo, plurale Elohim significat plurimam, summam et immensam Dei fortitudinem et potentiam creandi, gubernandi et judicandi.
Tertio, Elohim plurale innuit in Deo pluralitatem personarum, sicut unitas essentiae in Deo innuitur per verbum singulare ברא bara, id est creavit, ut contra Cajetanum et Abulensem docent Lyranus, Burgensis, Galatinus, Eugubinus, Catharinus, Magister et Scholastici lib. II Sent., dist. 1.
Quatuor causae creationis
Hae itaque sunt quatuor causae creationis et creaturarum, puta coeli et terrae: scilicet materialis est nihilum; formalis est forma coeli et terrae; efficiens est Deus; finalis est bonum, non Dei, sed nostrum. Creaturae ergo omnes per totam aeternitatem latuerunt in suo nihilo, et in suis ideis in mente divina, sed in tempore productae sunt propter hominem. Deus enim, qui per omnem suam aeternitatem in seipso fuerat beatissimus, in nullo modo beatior aut ditior effectus est; sed per eas volebat se effundere in creaturas et hominem, sicut mare redundans seipsum in littus effundit.
Condidit ergo Deus mundum ad hoc, primo, ut homini regiam domum, imo regnum praepararet; secundo, ut eidem theatrum rerum omnium, ac paradisum voluptatum quarumlibet exhiberet; tertio, ut librum ei praeberet, in quo ipse Creatorem suum videret et legeret.
Caelum et Terram: Quatuor Interpretationes
Prima sententia
Primo, S. Augustinus, lib. I De Genesi contra Manichaeos, cap. VII: Coelum et terra, inquit, hic vocantur materia prima, eo quod ex illa coelum die secundo, et terra die tertio producenda esset; sed non est probabile materiam solam sine forma creatam esse, nec talis vocari posset coelum. Audi ipsum Augustinum: «Informis, ait, illa materia, quam de nihilo fecit Deus, appellata est primo coelum et terra, non quia jam hoc erat, sed quia hoc esse poterat. Nam et coelum scribitur postea factum: quemadmodum si semen arboris considerantes, dicamus ibi esse radices, et robur, et ramos, et fructus, et folia: non quia jam sunt, sed quia inde futura sunt.» Verum idem Augustinus, lib. I De Genesi ad litteram, cap. XIV, addit hanc materiam eodem instanti temporis fuisse sua forma donatam et ornatam. Itaque hic ejus creationem tantum nominari, quia natura, non tempore, suam formam antecessit. Huic vicina est Gregorii Nysseni expositio, qui per coelum et terram accipit chaos una universali, communi rudique forma congestum, ex quo elicienda essent corpora coelestia et elementaria cuncta.
Secunda sententia
Secundo, idem Augustinus, lib. XI De Civitate, cap. IX, per coelum accipit angelos, per terram vero materiam primam informem. Sed prius est mysticum, posterius pariter improbabile.
Tertia sententia
Tertio, Pererius, Gregorius de Valentia, tractatu De Opere sex dierum, et alii probabiliter per coelum intelligunt omnes orbes coelestes; per terram vero terram ipsam cum aqua, igne et aere vicino, quasi primo mundi die Deus omnes orbes coelestes et elementares creaverit, eosque sequentibus quinque diebus motu, luce, astris, influentiis et intelligentiis motoribus tantum exornaverit.
Quarta sententia: Sententia auctoris
Quarto, maxime probabile est per coelum hic intelligi primum et summum, scilicet empyreum, et quod Paulus vocat coelum tertium, David coelum coeli, quodque sedes est Beatorum, uti passim omnes docent. Primo itaque die Deus ex coelis tantum creavit coelum empyreum, illudque omni suo decore exornavit et perfecit. Ad hoc enim inhabitandum in aeternum, creati sunt postea angeli et homines. Et hoc ab omni aevo fideles vocant coelum. Unde S. Chrysostomus hic hom. 2: «Deus, ait, praeter humanum morem suum perficiens aedificium, prius coelum extendit, postea et terram substravit: prius culmen, et postea fundamentum;» culmen enim fabricae mundi est coelum, non sidereum, sed empyreum. Et S. Basilius, hom. 1 Hexam., ait, «coelum et terram quasi fundamenta quaedam, et bases fulcrales universi, prius jacta fuisse et praestructa.»
Probatur haec sententia primo, quia firmamentum, id est coelum octavum et orbes vicini, non tantum ornati, sed re ipsa facti et creati sunt die secundo, ut patet vers. 6: ergo non primo. Coelum ergo primo die creatum non est aliud quam empyreum. Est haec sententia B. Clementis, accepta ex ore S. Petri; Origenis, Theodoreti, Alcuini, Rabani, Lyrani, Philonis, S. Hilarii, Theophili Antiocheni, Junilii, Bedae, Abulensis, Catharini, et aliorum plurium; adeo ut S. Bonaventura hanc sententiam asserat esse communiorem, Catharinus vero esse verissimam.
Et Terram
ET TERRAM. — Puta globum terrae cum abysso, id est aquarum mole, terrae infusa et superfusa, seseque porrigente usque ad coelum empyreum. Haec ergo tria primo omnium creata sunt, scilicet coelum empyreum, terra et abyssus, id est aquarum moles omnia occupans a coelo empyreo usque ad terram; ex qua abysso, sive aqua, partim extenuata, partim densata atque solidata, facti sunt coeli omnes, sive firmamentum die secundo, et omnia astra die quarto: perinde ac ex aqua conglaciata fit crystallus. Est haec sententia S. Petri et Clementis, S. Basilii, Bedae, Molinae, et aliorum plurium quos citabo versu 6.
Atque hinc consequitur veriorem esse sententiam eorum, qui censent eamdem esse materiam coelorum et sublunarium, eamque corruptibilem. Porro terra a Deo creata locata est in medio universi, ibique firma consistit: tum quia voluntas et potentia Dei eam quasi pilam in medio aere suspensam constanter tenet et firmat, juxta illud quod ait Sapientia aeterna Proverb. VIII: «Quando appendebat fundamenta terrae, cum eo eram cuncta componens;» tum ex physica ratione, quia scilicet terra inter creata est gravissima, ideoque imum poscit locum.
Quando creati sint angeli?
Quaeres: ubi et quando creati sunt angeli? Putarunt aliqui eos creatos esse ante mundum: ita senserunt Origenes, Basilius, Nazianzenus, Ambrosius, Hieronymus, Hilarius. Alii putarunt eos creatos esse post mundum. Verum dico eos simul cum mundo in principio temporis esse conditos, idque in coelo empyreo: sunt enim ejus cives et incolae; ita cum S. Augustino, Gregorio, Ruperto, Beda docent Magister et Scholastici.
Imo Concilium Lateranense, sub Innocentio III: «Firma, inquit, fide credendum est Deum ab initio temporis simul utramque de nihilo condidisse creaturam: spiritualem et corpoream, angelicam et mundanam.» Licet D. Thomas et aliqui alii putent haec verba aliter accipi posse, tamen nimis diserta et clara videntur, quam ut alio torqueri possint: unde videtur haec nostra sententia jam non tantum esse probabilis, sed et certa de fide; hoc enim asserit et definit ipsum Concilium.
Quare Moses non meminit creationis angelorum?
Nota: Moses non meminit creationis angelorum, quia scribebat rudibus et crassis Judaeis, iisque ad idololatriam pronis, qui facile angelos pro diis coluissent: tacite tamen eos insinuat cap. II, 1, cum ait: «Perfecti igitur sunt coeli, et omnis ornatus eorum:» ornatus enim coelorum, sunt stellae et angeli. Haec ergo est vasta bellaque mundi, puta coeli et terrae, machina, quam magnus ille rerum opifex cum initio temporis, in momento ex nihilo produxit.
Praeclare Secundus philosophus, interrogatus ab Adriano imperatore, uti ex Chronicis Martinianis refert Jacobus Middendorpius: «Quid est mundus?» respondit: «Incessabilis circuitus, aeternus tenor. Quid est Deus? Immortalis mens, incogitabilis inquisitio, omnia continens. Quid est Oceanus? Mundi amplexus, hospitium fluviorum, fons imbrium. Quid Terra? Basis coeli, meditullium mundi, fructuum mater, viventium nutrix.» Epictetus vero: «Terra, inquit, est Cereris horreum, cellarium vitae.»
Versículo 1: No princípio criou Deus o céu e a terra
No Princípio: Nove Interpretações
Primeira interpretação: «No princípio do tempo»
1. NO PRINCÍPIO. — Primeiramente, Santo Agostinho, livro I de Sobre a Interpretação Literal do Génesis, cap. 1; Ambrósio e Basílio, homilia 1 sobre o Hexameron: «No princípio», dizem, isto é, na primeira origem ou início, não da eternidade, não da eviternidade, mas do tempo e do mundo, quando efectivamente a duração do mundo, a saber o tempo, começou juntamente com o mundo. Pois embora no início do mundo não existisse um tempo tal como o que agora existe — porquanto o nosso tempo actual é a medida do movimento do primeiro móvel, do sol e dos céus — todavia nessa altura o primeiro móvel, o sol e os céus ainda não existiam, e consequentemente tampouco existia o seu movimento, que pudesse ser medido pelo tempo. Não obstante, existia então a duração de uma coisa corpórea, a saber do céu e da terra, a qual era semelhante e proporcional ao nosso tempo, e portanto na realidade era tempo. Pois uma coisa corpórea é medida pelo tempo, quer se mova quer esteja em repouso: pois o tempo é a medida dos corpos, assim como a eviternidade é a dos anjos, e a eternidade a de Deus. Contudo, falando em termos aristotélicos, o tempo é ao menos por natureza posterior ao movimento e ao corpo móvel.
Que tipo de tempo antes do mundo?
Donde Santo Agostinho nas suas Sentenças, número 280: «Uma vez feitas as criaturas», diz, «os tempos começaram a correr nos seus movimentos. Por isso, antes da criação, procuram-se os tempos em vão, como se pudessem ser encontrados antes do próprio tempo. Pois se não houvesse nenhum movimento, quer espiritual quer corpóreo, pelo qual através do presente o futuro sucedesse ao passado — não haveria absolutamente tempo algum. Mas uma criatura não poderia de modo algum ser movida se não existisse. Portanto, o tempo começou antes a partir da criatura, do que a criatura a partir do tempo; mas ambos começaram a partir de Deus. "Pois d'Ele, e por Ele, e n'Ele são todas as coisas."»
Quando foram criados o céu e a terra?
Note-se que Deus criou o céu e a terra não no tempo, mas no princípio do tempo, isto é, no primeiro momento do tempo, a saber no primeiro instante do mundo. São Basílio e Beda pensam que o céu e a terra foram criados não no primeiro dia, mas pouco antes do primeiro dia, a saber antes da luz. Porém, que foram criados não antes, mas no próprio primeiro dia, isto é, no início do primeiro dia, antes que a luz fosse produzida, é claro por Êx. 20,1.
Segunda interpretação: «No Filho»
Em segundo lugar, e melhor segundo a letra, os mesmos Agostinho, Ambrósio e Basílio no mesmo lugar, e o Concílio de Latrão, capítulo Firmiter, sobre a Suma Trindade e a Fé Católica: «No princípio», dizem, isto é, no Filho; pois o Apóstolo ensina que todas as coisas foram criadas pelo Filho como ideia e sabedoria do Pai, Col. 1,16. Todavia, esta interpretação é mística e simbólica.
Terceira interpretação: «Antes de todas as coisas»
Em terceiro lugar, e do modo mais simples: «no princípio», isto é, antes de todas as coisas, de modo que Deus nada criou antes ou anteriormente ao céu e à terra. Assim em Jo. cap. 1, v. 1, diz-se: «No princípio era o Verbo», como quem dissesse: Antes de todas as coisas, isto é, desde toda a eternidade existia o Verbo. Santo Agostinho também apresenta este sentido acima.
Ambos estes sentidos são genuínos e literais, e do segundo resulta claro contra Platão, Aristóteles e outros que o mundo não é eterno. Do terceiro resulta claro que os anjos não foram criados antes do mundo corpóreo, mas simultaneamente com ele por Deus, como ensina o Concílio de Latrão, que será citado adiante.
A estes três, os antigos acrescentam outras explicações.
Quarta interpretação: «Em soberania»
Em quarto lugar, portanto, «no princípio», isto é, em soberania, ou em poder régio (pois o grego arché também isto significa, donde os governantes e magistrados são chamados arcontes), Deus fez o céu e a terra, diz Tertuliano, no livro Contra Hermógenes. Assim também Procópio: «Deus», diz, «que é o Rei dos reis, e inteiramente senhor de Si mesmo, não dependendo de coisa alguma, e administrando todas as coisas segundo a Sua própria vontade, trouxe à existência este universo juntamente com as suas espécies e formas; com efeito, Ele próprio produziu a matéria, e não a tomou emprestada de outra parte.»
Quinta interpretação: «Em resumo»
Em quinto lugar, Áquila traduz «no princípio» por «na cabeça», isto é, em resumo, todas as coisas de uma vez compreensivamente, ou em massa. Pois Deus, ao criar o céu e a terra, ao mesmo tempo como que criou tudo o mais em resumo; pois a partir deles formou depois o restante. Com efeito, o hebraico reshit, isto é «princípio», deriva de rosh, isto é, «cabeça».
Sexta interpretação: «Num momento»
Em sexto lugar, Santo Ambrósio e São Basílio, homilia 1 sobre o Hexameron: «No princípio», dizem, isto é, num momento, sem qualquer demora de tempo, mesmo a mais pequena, pois o princípio é indivisível. Pois assim como o princípio de um caminho não é o caminho, assim o princípio do tempo não é tempo, mas um instante.
Sétima interpretação: «Como coisas principais»
Em sétimo lugar, «no princípio», isto é, como coisas principais, mais excelentes e primordiais. Assim Santo Ambrósio, Procópio e Beda.
Oitava interpretação: «Como fundamentos»
Em oitavo lugar, «no princípio», isto é, como as primeiras coisas, como os fundamentos e bases do universo, dizem São Basílio e Procópio. Assim se diz: «O princípio da sabedoria é o temor do Senhor»; pois o temor é o fundamento da sabedoria e o primeiro passo para ela.
Nona interpretação: A eternidade e omnipotência de Deus
Finalmente, Junílio aqui diz: a expressão «no princípio» denota a eternidade e a omnipotência de Deus. «Pois Aquele que declara ter criado o mundo no princípio do tempo é certamente designado como tendo existido eternamente antes de todo o tempo; e Aquele que narra ter criado o céu e a terra no próprio início da criação é declarado omnipotente pela grande rapidez da Sua operação.»
Criou
A partir de quê?
CRIOU — propriamente, isto é, do nada, de nenhuma matéria preexistente. Assim diz aquela santa mãe dos Macabeus, 2 Mac. cap. 7, ao seu filho: «Peço-te, meu filho, que olhes para o céu e para a terra, e para tudo o que neles existe, e compreendas que Deus os fez do nada.» Em segundo lugar, «criou», isto é, sozinho, como diz Isaías, cap. 44, v. 24, por si mesmo e pela sua própria omnipotência, não por meio dos anjos — que ainda não existiam, e mesmo que tivessem existido, não poderiam ser ministros da criação. Em terceiro lugar, «criou» segundo a ideia e o exemplar que desde a eternidade concebera na sua mente. Pois Deus estava então
«Trazendo na mente o belo mundo, Ele próprio belíssimo,» como canta Boécio, livro III da Consolação da Filosofia, metro 9.
Porquê?
Em quarto lugar, criou o céu, não porque dele necessitasse, mas porque é bom, e porque Deus quis por este meio comunicar a sua bondade ao mundo e aos homens: pois convinha que de um Deus bom procedessem obras boas, diz Platão, e, depois de Platão, Santo Agostinho, livro XI d'A Cidade de Deus, cap. 21. Por isso, o mesmo Agostinho diz belamente, Confissões I: «Fizeste-nos, Senhor, para Vós, e o nosso coração está inquieto enquanto não repousar em Vós;» e: «O céu e a terra clamam, Senhor, para que Vos amemos.»
Nota: «Criar» em Cícero e entre os pagãos significa «gerar»; entre os gregos, criação e fundação são a mesma coisa. Porém, na Sagrada Escritura, «criar», quando se diz daquelas coisas que antes de modo algum existiam, significa fazer algo do nada. Assim São Cirilo, livro V do Tesouro, cap. 4; Santo Atanásio, na epístola inscrita com os decretos do Concílio de Niceia contra os arianos; São Justino, no Admonitório; Ruperto, livro I sobre o Génesis, cap. 3; Beda e Lira aqui. Pois, como ensina São Tomás, Parte I, questão 61, art. 5, a emanação universal de todas as coisas só poderia ter procedido do nada.
Jerónimo de Oleastro traduz o hebraico bara como «dividiu». Donde assim traduz: «No princípio Deus dividiu o céu e a terra.» Pois pensa ele que Deus, antes de tudo, criou as águas juntamente com a terra, e estas vastíssimas e imensas, e delas depois produziu os céus (o que a Escritura aqui passa em silêncio e pressupõe), e finalmente as separou da terra e das águas, e que apenas isto se exprime aqui. Mas esta invenção é rejeitada por todos os Padres e Doutores, que traduzem bara como «criou». Pois este é o seu significado próprio: em parte alguma significa «dividiu», como sabem os doutos em hebraico.
Tropologia sobre a tríplice contemplação das criaturas
Tropologicamente, as criaturas devem ser contempladas de três modos. Primeiro, considerando o que são de si mesmas, a saber, nada, porque foram feitas do nada, e de si mesmas mudam dia a dia e tendem para o nada. Segundo, considerando o que são pelo dom do Criador, a saber, boas, belas, estáveis e eternas, e assim imitam a estabilidade do seu Artífice. Terceiro, que Deus delas se serve para castigo e recompensa dos homens. Assim ouvimos toda a criatura proclamar-nos estas três coisas: Recebe, restitui, foge; recebe o benefício, restitui a dívida, foge do castigo. A primeira voz é a de quem serve, a segunda de quem admoesta, a terceira de quem ameaça.
Refutam-se os erros dos filósofos
Daqui se torna claro, primeiro, o erro de Estratão de Lâmpsaco, que imaginou que o mundo era ingerado e existira por força própria desde a eternidade. Segundo, o erro de Platão e dos Estóicos, que diziam que o mundo fora de facto criado por Deus, mas a partir de uma matéria eterna e ingerada; porque esta matéria seria incriada e coeterna com Deus, e consequentemente seria o próprio Deus, como rectamente objecta Tertuliano contra Hermógenes. Terceiro, o erro dos Peripatéticos, que afirmavam que Deus criara o mundo não por vontade, nem livremente, mas por necessidade de natureza desde a eternidade. Quarto, o erro de Epicuro, que ensinava que o mundo fora produzido por uma colisão e combinação fortuita de átomos.
Santo Agostinho fala admiravelmente, no livro XI d'A Cidade de Deus, capítulo III: «O próprio mundo, pela sua ordenadíssima mutabilidade e mobilidade, e pela belíssima aparência de todas as coisas visíveis, proclama de certo modo silenciosamente que foi feito e que não poderia ter sido feito senão por Deus, que é inefável e invisivelmente grande, inefável e invisivelmente belo.» Daí que todas as escolas de filósofos que sustentaram algo de mais divino afirmam por consentimento unânime que nada prova tanto que o mundo foi feito por Deus e que é administrado pelo seu cuidado, como a própria vista de todo o mundo e a consideração da sua beleza e ordem. Assim Platão, os Estóicos, Cícero, Plutarco e Aristóteles, cujo argumento sobre este assunto é referido por Cícero no livro II Do Sobre a Natureza dos Deuses.
Como criou?
Nota: Deus criou o céu e a terra mandando e dizendo: Faça-se o céu e a terra, como expressamente se declara em IV Esdras, vi, 38, e no Salmo xxxii, versículo 6: «Pela Palavra do Senhor foram firmados os céus;» donde São Basílio infere: porque Deus fez este mundo pelo seu poder, arte e liberdade, pelo mesmo pode criar muitos mais; e de novo, pelo mesmo pode aniquilar o mundo. Pois o mundo em relação a Deus é como uma gota de um balde, e como uma gota de orvalho, como se diz em Isaías XL, 15, Sabedoria XI, 23: daí que se diz também que Deus suspende a massa da terra por três dedos.
Objecção
Dir-se-á: Porque é que Moisés não diz aqui que Deus disse: Faça-se o céu, como diz que Ele disse: Faça-se a luz? Respondo que Moisés usou a palavra «criou» em vez de «disse», para que o povo judaico, inculto, não concebesse a partir da palavra «faça-se» alguma matéria preexistente à qual Deus tivesse falado, ou da qual tivesse produzido o céu e a terra. Assim Ruperto, que apresenta três razões. Primeira, diz ele, uma vez que o próprio princípio é o Verbo de Deus, seria supérfluo e inepto dizer: «No princípio Deus disse.» Segunda, porque ainda não existia coisa alguma à qual o mandamento pudesse ser dado. Terceira, diz «criou», não «faça-se», para que Deus fosse demonstrado como o criador de toda a matéria.
Deus (Elohim): Treze Definições
Os erros dos hereges
Deus. — Erram, portanto, Simão Mago, Ário e outros, que dizem que Deus criou o Filho; e o Filho, por sua vez, criou o Espírito Santo; e o Espírito Santo criou os anjos; e os anjos criaram o mundo. Em segundo lugar, erram Pitágoras, os Maniqueus e os Priscilianistas, que dizem existirem dois princípios das coisas, ou dois deuses: um bom, criador dos espíritos; o segundo mau, criador dos corpos.
Explicação da palavra Elohim
Pois «Deus» em hebraico é elohim, que deriva de el, isto é, «forte», e ala, isto é, «adjurou, obrigou, vinculou»; porque Deus dá e conserva o seu poder, virtude e todos os bens às criaturas; e por este meio as vincula a si como que por um juramento, ao culto, à obediência, ao temor, à fé, à esperança, à invocação e à gratidão para com Ele.
Elohim é, portanto, o nome de Deus enquanto criador, governador, juiz, inspector e vingador de todas as coisas; e Moisés usa aqui este nome Elohim, primeiro, para que os homens soubessem que é o mesmo o fundador do mundo e o seu juiz, o qual, assim como criou o mundo, também o julgará, como Elohim, isto é, juiz. Segundo, para que soubessem que o mundo foi estabelecido por Deus mediante a sua vontade, juízo e sabedoria. Terceiro, para que soubessem que todas as coisas foram dispostas por Ele numa justa balança, e que a cada coisa foi dado o que lhe era, por assim dizer, devido, a saber, o que a sua natureza e o bem do universo exigiam. Quarto, para que soubessem que, assim como o mundo foi criado por Deus, assim é pelo mesmo conservado e governado, como ensinam Job xxxiv, 18 e seguintes, e Sabedoria xi, 23 e seguintes.
Por isso, Aben Ezra e os Rabinos dizem que Deus é aqui chamado Elohim para declarar a sua majestade e os seus três dotes, a saber, inteligência, sabedoria e prudência, pelos quais Ele próprio estabeleceu o mundo. Outros pensam que Moisés se referia à multidão de ideias e perfeições que existem em Deus. Nota: Deus revelou a Moisés o seu nome Jeová. Antes de Moisés, portanto, Deus era chamado Elohim. Daí que até a serpente chamou Deus assim, dizendo: «Porque vos mandou Deus?» em hebraico, Elohim. Do que se conclui que, desde o princípio do mundo, Adão e Eva chamavam a Deus Elohim. Assim Beda.
Que é Deus? Treze definições
Que é, pois, Elohim? Que é Deus?
Primeira. Aristóteles, ou quem quer que seja o autor do livro Sobre o Mundo, dirigido a Alexandre: «O que o piloto é no navio, o cocheiro no carro, o corifeu no coro, a lei na cidade, o comandante no exército, o mesmo é Deus no mundo, excepto que naqueles casos a autoridade é laboriosa, perturbada e ansiosa; ao passo que em Deus é fácil, ordenada e tranquila.»
Segunda. São Leão, Sermão 2 Sobre a Paixão: «Deus é Aquele cuja natureza é a bondade, cuja vontade é a potência, cuja obra é a misericórdia.»
Terceira. Aristóteles, ou quem quer que seja o autor do livro Sobre a Sabedoria Segundo os Egípcios, livro XII, capítulo xix: «Deus é Aquele de quem provêm a perpetuidade, o lugar e o tempo, e por cujo benefício todas as coisas subsistem; e assim como o centro de um círculo existe em si mesmo, e as linhas traçadas dele até à circunferência, e a própria circunferência com os seus pontos, existem nesse mesmo centro: assim também todas as naturezas, tanto as que pertencem ao intelecto como as que pertencem aos sentidos, consistem e se confirmam no primeiro agente (em Deus).»
Quarta. Deus é a própria providência sobre todas as coisas; pois, como diz Santo Agostinho, livro III Sobre a Trindade, capítulo iv: «Nada acontece visível e sensivelmente que não seja mandado ou permitido do interior, invisível e inteligível tribunal do supremo governador, segundo a inefável justiça de prémios e castigos, graças e retribuições, naquela vastíssima e imensa república de toda a criação.»
Quinta. O mesmo Santo Agostinho: Se vires, diz ele, um bom anjo, um bom homem, um bom céu; tira o anjo, o homem, o céu; e o que resta é a essência dos bens, isto é, Deus.
Sexta. Um certo rei gentio disse que Deus é trevas para além de toda a luz, e que é conhecido pela ignorância da mente.
Sétima. Elohim é Aquele que alcança de um extremo ao outro poderosamente, e dispõe todas as coisas com suavidade, como diz o Sábio.
Oitava. Elohim é Aquele em quem vivemos, nos movemos e existimos, Actos XVII, 28.
Nona. «Deus, diz Santo Agostinho nas suas Meditações, é Aquele a quem nem a mente alcança, porque é incompreensível; nem o intelecto, porque é insondável; nem os sentidos percebem, porque é invisível; nem a língua enuncia, porque é inefável; nem a escrita explica, porque é inexplicável.»
Décima. «Deus, diz São Gregório de Nazianzo no seu Tratado Sobre a Fé, é aquilo que, quando se diz, não pode ser expresso; quando se avalia, não pode ser avaliado; quando se define, cresce pela própria definição; porque Ele cobre o céu com a sua mão, encerra toda a extensão do mundo no seu punho: a quem todas as coisas desconhecem, e contudo, temendo, conhecem: a cujo nome e poder este mundo serve, e a vicissitude momentânea dos elementos que se sucedem uns aos outros dá testemunho.»
Décima primeira. «Deus é Aquele que suspende a massa da terra por três dedos, que mediu as águas no côncavo da sua mão e pesou os céus com um palmo. Eis que as nações diante d'Ele são como uma gota de um balde, e são contadas como um grão na balança, as ilhas como pó fino. E o Líbano não basta para arder, e os seus animais não bastam para um holocausto. Aquele que se senta sobre o círculo da terra, e os seus habitantes são como gafanhotos,» Isaías capítulo XL, versículos 12, 15, 22.
Décima segunda. Deus é Aquele de quem diz o Sábio, capítulo XI, versículo 23: «Como um grão na balança, assim é diante de Vós o orbe da terra, e como uma gota de orvalho matutino que cai sobre a terra.»
Décima terceira. «A matéria é mais subtil que o ar, a alma mais que o ar, a mente mais que a alma, o próprio Deus mais que a mente», diz Hermes Trismegisto.
Elohim como forma plural
Nota: Elohim é do número plural, pois no singular diz-se Eloah. A razão disto é: Primeiro, porque os hebreus dirigem-se às coisas grandes e aos magnatas no número plural como marca de honra: como também fazem os latinos, dizendo por exemplo «Nós, Filipe, Rei de Espanha.» Assim em Job XL, 10, o elefante é chamado Behemoth, isto é, «animais», porque, por causa da grandeza do seu corpo e força, equivale a muitos animais, como ensinam os hebreus.
Segundo, o plural Elohim significa a grandíssima, suprema e imensa fortaleza e potência de Deus para criar, governar e julgar.
Terceiro, o plural Elohim implica em Deus uma pluralidade de pessoas, assim como a unidade de essência em Deus é implicada pelo verbo singular bara, isto é, «criou», como ensinam Lira, Burgense, Galatino, Eugubino, Catarino, o Mestre e os Escolásticos contra Caetano e Abulense, no livro II das Sentenças, distinção 1.
As quatro causas da criação
Estas são, portanto, as quatro causas da criação e das criaturas, a saber, do céu e da terra: a causa material é o nada; a causa formal é a forma do céu e da terra; a causa eficiente é Deus; a causa final é o bem, não de Deus, mas nosso. Portanto, todas as criaturas durante toda a eternidade jazeram ocultas no seu nada e nas suas ideias na mente divina, mas foram produzidas no tempo por causa do homem. Pois Deus, que durante toda a sua eternidade fora em si mesmo beatíssimo, de modo algum se tornou mais feliz ou mais rico; mas por meio delas quis derramar-se nas criaturas e no homem, assim como o mar transbordante se derrama sobre a praia.
Deus criou, portanto, o mundo com este propósito: primeiro, para preparar ao homem uma casa real, mais ainda, um reino; segundo, para lhe proporcionar um teatro de todas as coisas e um paraíso de todo o género de deleites; terceiro, para lhe oferecer um livro no qual pudesse ver e ler o seu Criador.
Céu e Terra: Quatro Interpretações
Primeira opinião
Primeiro, Santo Agostinho, livro I Do Génesis Contra os Maniqueus, capítulo VII: Céu e terra, diz ele, são aqui chamados matéria prima, porque dela o céu havia de ser produzido no segundo dia, e a terra no terceiro; mas não é provável que apenas a matéria sem forma tenha sido criada, nem tal coisa poderia chamar-se céu. Ouçamos o próprio Agostinho: «Aquela matéria informe, diz ele, que Deus fez do nada, foi chamada primeiro céu e terra, não porque já o fosse, mas porque o podia ser. Pois está escrito que o céu foi feito depois: assim como se, considerando a semente de uma árvore, disséssemos que ali estão as raízes, o tronco, os ramos, os frutos e as folhas — não porque já existam, mas porque daí hão-de provir.» Na verdade, o mesmo Agostinho, livro I Do Génesis Literalmente, capítulo XIV, acrescenta que esta matéria foi dotada e ornada com a sua forma no mesmo instante de tempo. E assim a sua criação é aqui apenas nomeada, porque por natureza, não por tempo, precedeu a sua forma. Próxima desta está a exposição de Gregório de Nissa, que entende por céu e terra um caos amontoado numa forma universal, comum e rude, do qual todos os corpos celestes e elementais haviam de ser extraídos.
Segunda opinião
Segundo, o mesmo Agostinho, livro XI d'A Cidade de Deus, capítulo IX, entende por céu os anjos, e por terra a matéria prima informe. Mas o primeiro é místico, e o segundo é igualmente improvável.
Terceira opinião
Terceiro, Perério, Gregório de Valência no seu Tratado Sobre a Obra dos Seis Dias, e outros provavelmente entendem por céu todos os orbes celestes; e por terra, a própria terra com a água, o fogo e o ar vizinho, como se no primeiro dia do mundo Deus tivesse criado todos os orbes celestes e elementais, e nos cinco dias seguintes apenas os tivesse adornado com movimento, luz, estrelas, influências e inteligências motoras.
Quarta opinião: A posição do autor
Quarto, é muito provável que por céu se entenda aqui o primeiro e mais alto, a saber, o empíreo, que Paulo chama o terceiro céu, David o céu dos céus, e que é a sede dos Bem-aventurados, como todos comummente ensinam. Portanto, no primeiro dia, Deus criou de entre os céus apenas o céu empíreo, e adornou-o e aperfeiçoou-o com toda a sua beleza. Pois para habitar nele por toda a eternidade, os anjos e os homens foram subsequentemente criados. E é isto que os fiéis de todos os tempos chamam céu, de modo que, se lhes perguntardes aonde desejam ir depois desta vida, imediatamente dizem: ao céu, a saber, o empíreo, para serem ali felizes e bem-aventurados. Daí São João Crisóstomo aqui, homilia 2: «Deus, contra o costume humano, ao aperfeiçoar o seu edifício, primeiro estendeu o céu, e depois colocou a terra por baixo: primeiro o tecto, e depois o alicerce;» pois o tecto da fábrica do mundo é o céu, não o sideral, mas o empíreo. E São Basílio, homilia 1 sobre o Hexaemeron, diz que «o céu e a terra foram primeiro lançados e construídos como certos alicerces e bases de sustentação do universo.»
Esta opinião prova-se, primeiro, porque o firmamento, isto é, o oitavo céu e os orbes vizinhos, não foram meramente adornados, mas de facto feitos e criados no segundo dia, como se vê pelo versículo 6: portanto, não no primeiro dia. O céu, por conseguinte, criado no primeiro dia, não é outro senão o empíreo. Esta é a opinião do Beato Clemente, recebida dos lábios de São Pedro; de Orígenes, Teodoreto, Alcuíno, Rábano, Lira, Fílon, Santo Hilário, Teófilo de Antioquia, Junílio, Beda, Abulense, Catarino, e muitos outros; tanto assim que São Boaventura afirma ser esta opinião a mais comum, e Catarino a mais verdadeira.
E a Terra
E A TERRA. — Isto é, o globo da terra juntamente com o abismo, ou seja, a massa das águas, derramada sobre e espalhada pela terra, e estendendo-se até ao céu empíreo. Estas três coisas, portanto, foram criadas antes de todas, a saber, o céu empíreo, a terra e o abismo, isto é, a massa das águas ocupando tudo desde o céu empíreo até à terra; da qual massa, ou água, em parte adelgaçada e em parte condensada e solidificada, foram feitos todos os céus, ou o firmamento no segundo dia, e todas as estrelas no quarto dia: assim como o cristal se forma da água congelada. Esta é a opinião de São Pedro e Clemente, São Basílio, Beda, Molina, e muitos outros que citarei no versículo 6.
E daqui se segue que é mais verdadeira a opinião daqueles que sustentam que a matéria dos céus e das coisas sublunares é a mesma, e que é corruptível. Além disso, a terra criada por Deus foi colocada no meio do universo, e aí permanece firme: tanto porque a vontade e a potência de Deus constantemente a sustenta e firma como uma bola suspensa no meio do ar, conforme aquilo que diz a Sabedoria eterna em Provérbios VIII: «Quando assentava os fundamentos da terra, eu estava com Ele dispondo todas as coisas;» como também por uma razão física, porque a terra é a mais pesada de entre as coisas criadas, e por isso exige o lugar mais baixo.
Quando foram criados os anjos?
Perguntar-se-á: onde e quando foram criados os anjos? Alguns pensaram que foram criados antes do mundo: assim sustentaram Orígenes, Basílio, Gregório de Nazianzo, Ambrósio, Jerónimo, Hilário. Outros pensaram que foram criados depois do mundo. Porém, digo que foram criados simultaneamente com o mundo no princípio do tempo, e na verdade no céu empíreo: pois são os seus cidadãos e habitantes; assim, com Santo Agostinho, Gregório, Ruperto e Beda, ensinam o Mestre e os Escolásticos.
De facto, o Concílio de Latrão, sob Inocêncio III: «Deve-se crer firmemente que Deus, desde o princípio do tempo, criou do nada ambas as criaturas ao mesmo tempo: a espiritual e a corporal, a angélica e a mundana.» Embora São Tomás e alguns outros pensem que estas palavras podem ser tomadas de outro modo, todavia parecem demasiado claras e explícitas para serem torcidas para outro sentido. Donde parece que a nossa opinião já não é meramente provável, mas também certa como matéria de fé; pois o próprio Concílio o afirma e define.
Porque é que Moisés não menciona a criação dos anjos?
Nota: Moisés não menciona a criação dos anjos, porque escrevia para judeus incultos e rudes, propensos à idolatria, que facilmente teriam adorado os anjos como deuses: todavia, tacitamente os insinua no capítulo II, 1, quando diz: «Foram assim acabados os céus, e todo o seu ornamento:» pois o ornamento dos céus consiste nas estrelas e nos anjos. Esta é, pois, a vasta e bela máquina do mundo, a saber, do céu e da terra, que aquele grande artífice de todas as coisas produziu do nada num instante, com o princípio do tempo.
Admiravelmente, o filósofo Secundo, quando interrogado pelo imperador Adriano: «Que é o mundo?» respondeu: «Um circuito incessante, um curso eterno. Que é Deus? Uma mente imortal, uma indagação inconcebível, que tudo contém. Que é o Oceano? O abraço do mundo, a hospedaria dos rios, a fonte das chuvas. Que é a Terra? A base do céu, o centro do mundo, a mãe dos frutos, a ama dos viventes.» E Epicteto diz: «A terra é o celeiro de Ceres, o armazém da vida.»
HaydockInglês · Douay–Rheims Bible with Haydock Commentary
Haydock
Douay–Rheims Bible with Haydock Commentary · inglês · PDF 89
VERSE 1. BEGINNING.
As St. Matthew begins his Gospel with the same title as this work, the Book of the Generation, or Genesis, so St. John adopts the first words of Moses, in the beginning; but he considers a much higher order of things, even the consubstantial Son of God, the same with God from all eternity, forming the universe, in the beginning of time, in conjunction with the other two Divine Persons, by the word of his power; for all things were made by Him, the Undivided Deity. — H.
Elohim, the Judges or Gods, denoting plurality, is joined with a verb singular, he created, whence many, after Peter Lombard, have inferred, that in this first verse of Genesis the adorable mystery of the Blessed Trinity is insinuated, as they also gather from various other passages of the Old Testament, though it was not clearly revealed till our Saviour came himself to be the finisher of our faith. — C.
The Jews being a carnal people and prone to idolatry, might have been in danger of misapplying this great mystery, and therefore an explicit belief of it was not necessary than in general. See Collet. &c. — H.
The word bara, created, is here determined by tradition and by reason to mean a production out of nothing, though it be used also to signify the forming of a thing out of pre-existent matter. Verse 21, 27. — C.
The first cause of all things must be God, who, in a moment, spoke, and heaven and earth were made, heaven with all the Angels; and the whole mass of the elements, in a state of confusion, and blended together, out of which the beautiful order, which was afterwards so admirable, arose in the space of six days: thus God was pleased to manifest his free choice in opposition to those Pagans who attributed all to blind chance or fate. Heaven is here placed first, and is not declared empty and dark like the earth; that we may learn to raise our minds and hearts above this land of trial, to that our true country, where we may enjoy God for ever. — H.
VERSÍCULO 1. PRINCÍPIO.
Assim como São Mateus começa o seu Evangelho com o mesmo título desta obra, o Livro da Geração, ou Gênesis, também São João adota as primeiras palavras de Moisés, «no princípio»; considera, porém, uma ordem de coisas muito mais elevada: o Filho consubstancial de Deus, o mesmo Deus desde toda a eternidade, formando o universo no princípio do tempo, em união com as outras duas Pessoas divinas, pela palavra de seu poder; pois todas as coisas foram feitas por Ele, a Divindade indivisa. — H.
Elohim, «os Juízes» ou «Deuses», denotando pluralidade, é unido a um verbo no singular, «ele criou»; daí muitos, depois de Pedro Lombardo, terem inferido que, neste primeiro versículo do Gênesis, se insinua o adorável mistério da Santíssima Trindade, como também o deduzem de várias outras passagens do Antigo Testamento, embora ele não tenha sido claramente revelado até que o próprio Salvador viesse consumar nossa fé. — C.
Sendo os judeus um povo carnal e inclinado à idolatria, poderiam correr o risco de aplicar mal esse grande mistério; por isso, não lhes era necessária uma crença explícita nele, mas apenas geral. Ver Collet etc. — H.
A palavra bara, «criou», é aqui determinada pela tradição e pela razão como significando uma produção do nada, embora também seja empregada para significar a formação de uma coisa a partir de matéria preexistente. Versículos 21 e 27. — C.
A causa primeira de todas as coisas deve ser Deus, que, num instante, falou, e o céu e a terra foram feitos: o céu, com todos os anjos; e toda a massa dos elementos, num estado de confusão e misturados entre si, da qual surgiu, no espaço de seis dias, a bela ordem que depois se tornou tão admirável. Assim Deus quis manifestar sua escolha livre, contra os pagãos que atribuíam tudo ao acaso cego ou ao destino. O céu é colocado aqui em primeiro lugar e não é declarado vazio e escuro como a terra, para que aprendamos a elevar a mente e o coração acima desta terra de provação, para aquela que é nossa verdadeira pátria, onde poderemos gozar de Deus para sempre. — H.
L.-Cl. FillionFrancês · La Sainte Bible, t. I
L.-Cl. Fillion
La Sainte Bible, t. I · francês · PDF 30
CHAPITRE I — 1.
Ce verset ne contient pas un sommaire de l'Hexaméron; il raconte le premier acte du Créateur, la production de la matière cosmique, qui fut ensuite façonnée par des élaborations progressives.
In principio, d'une manière absolue; au commencement du temps, du monde. Cf. Joan. I, 1. Quoique plein de beauté, le sens métaphysique « In Filio », attaché par quelques Pères à cette locution, s'écarte de la lettre.
Creavit. Dans les chap. I et II de la Genèse, quatre verbes distincts expriment l'action créatrice de Dieu: bara', créer (I, 1, 21, 27); 'asah, faire (I, 7, 16, 25, etc.); yatsar, former (II, 19); banah, bâtir (II, 22). Les trois derniers désignent l'organisation de substances déjà existantes; bara', aux formes qal et niphal, signifie toujours: « creare ex nihilo », et n'est employé que pour marquer une œuvre divine. Il s'agit donc ici d'une création dans le sens strict. Cf. II Mach. VII, 28.
Deus. Hébr.: 'Elohim, pluriel de majesté; le singulier, 'Eloah, est rare et poétique. La racine est 'ul, être fort; selon d'autres, 'alah, craindre, vénérer. C'est le plus commun des noms divins; il est répété plus de deux mille fois dans la Bible hébraïque.
Cœlum et terram: c.-à-d. l'univers entier, qui, envisagé au point de vue de l'homme, se décompose, en effet, en deux groupes d'êtres créés: le ciel au-dessus de nous, la terre sous nos pieds.
Quelle date fixer à cette première création? La Bible est muette sur ce point, et les systèmes de chronologie qui prétendent nous donner l'âge exact du monde sont tous erronés et sans base solide. Il paraît sûr, du moins, d'après les divers calculs des savants, que l'In principio remonte à une très haute antiquité. Cf. Man. Bibl., nn. 278-279.
Plusieurs anciens Docteurs ont pensé que la création des anges est tacitement impliquée dans le mot cœlum, et il n'y a aucune difficulté à l'admettre après eux.
CAPÍTULO I — 1.
Este versículo não contém um resumo do Hexaêmeron; narra o primeiro ato do Criador: a produção da matéria cósmica, que depois foi moldada por elaborações progressivas.
In principio, de modo absoluto: no começo do tempo, do mundo. Cf. Jo 1,1. Embora repleto de beleza, o sentido metafísico «In Filio», atribuído por alguns Padres a essa locução, afasta-se da letra.
Creavit. Nos capítulos I e II do Gênesis, quatro verbos distintos exprimem a ação criadora de Deus: bara', criar (1,1.21.27); 'asah, fazer (1,7.16.25 etc.); yatsar, formar (2,19); banah, edificar (2,22). Os três últimos designam a organização de substâncias já existentes; bara', nas formas qal e nifal, significa sempre «creare ex nihilo» e só é empregado para assinalar uma obra divina. Trata-se, portanto, aqui de uma criação em sentido estrito. Cf. 2Mc 7,28.
Deus. Em hebraico: 'Elohim, plural de majestade; o singular, 'Eloah, é raro e poético. A raiz é 'ul, ser forte; segundo outros, 'alah, temer, venerar. É o mais comum dos nomes divinos; repete-se mais de duas mil vezes na Bíblia hebraica.
Cœlum et terram, isto é, o universo inteiro, que, considerado do ponto de vista do homem, se decompõe de fato em dois grupos de seres criados: o céu acima de nós e a terra sob nossos pés.
Que data se deve fixar para essa primeira criação? A Bíblia nada diz sobre esse ponto, e os sistemas cronológicos que pretendem dar-nos a idade exata do mundo são todos errôneos e destituídos de fundamento sólido. Ao menos segundo os diversos cálculos dos estudiosos, parece certo que o In principio remonta a uma antiguidade muito elevada. Cf. Man. Bibl., nn. 278-279.
Vários Doutores antigos pensaram que a criação dos anjos está tacitamente incluída na palavra cœlum, e não há dificuldade alguma em admiti-lo depois deles.
Nenhum trecho corresponde aos filtros atuais.
Critério editorial
O recorte termina onde cada obra passa a comentar Gênesis 1,2. Introduções gerais ao livro ou ao Hexaêmeron foram excluídas; notas e referências vinculadas diretamente a 1,1 foram mantidas. A ortografia dos originais foi conservada, com correções apenas de falhas inequívocas de OCR. As traduções são de trabalho e privilegiam fidelidade teológica e legibilidade em português.










